martes, 1 de julio de 2008

En mi mente...
Aparentemente se llamaba un momento inesperado, no pensaba ni visualizaba nada.

Toc-Toc oía retumbar en mis paredes. No dude en ir a ver; que más da decía, la inercia ya no me era indiferente. Había una Sorpresa tocando mi puerta. ¿Qué hacía ahí? no esperaba visitas, ni había hecho encargos. De hecho, ya me había acostumbrado a que la habitación estuviera vacía. ¿Se habrá extraviado? ¿Equivocado de dirección? Pero no me respondió; era ciega, un tanto sorda y muda, y aún así la entendía de maravilla. Caminó hacia adentro y no la detuve; no me sentía con ánimo de hacerlo. Mucho menos con el derecho: la puerta siempre había estado abierta.
Vestía de colores brillantes, atrayentes, y hasta sentí que irradiaba felicidad!. Quería desatar su listón; asegurarme que en su interior no habría otra decepción más, ni otro inútil juego... Pero no me dejó desenvolverla, dijo que de eso se encargaría el tiempo. Siempre había odiado las sorpresas, pero esta era diferente. Le pregunté su nombre y fui una tonta, ¡olvidé que no hablaba!; por eso simplemente le llamé Excepción.
Así es como terminé albergando una idea no-concreta, ¡a una cosa ciega pog dió!. Me carcome la curiosidad por su resguardado misterio. ¿Y si al final no es nada y al abrir su caja haya aún más vacío? Temo de ella por lo mismo. Pero, ya que más da, si eso pasara solo complementaria aún más a mi ya muy desolada habitación.
Ya no veo el sendero de regreso. Ahora, yo también me he cegado y solo camino esperando una mano que me sirva de guía.