viernes, 27 de junio de 2008

POR QUÉ ESCRIBIR

Escribo porque el papel es el único que aguanta mis locuras. También para saber que la H existe, porque nadie escucha. Ven lo que quieren ver, pero al final Ven. Me basta y no me importa, aunque salgan forúnculos de indiferencia. Quiero mirar el pasado, literalmente, y sentir el huracán de palabras en mi cabeza. No sonidos tirados al viento... q u e m o l e s t a e s e s a b r i s a. Porque escribir es inevitable y no puedo cargar a mi conciencia el dejar una hoja de papel desnuda, mucho menos de inútil tachar a mi lápiz.
Escribo porque mi espíritu adelgaza kilos y kilos de alivio. Los toma, los plasma. Lo que mi boca se niega a decir, pero mis manos no temen callar. Porque puedo escribir cualquier cosa y ser perfecta. Equivocarme y decir: alabao sea que el corrector exista!. Jugar a ser escritora, novelista, poeta.
No me asusta imaginar, pero temo al olvido Por eso escribo, para poder narrar el tiempo, detenerlo... leerlo.

viernes, 20 de junio de 2008

CRITICO A "TIDELAND"

Aquí es cuando nos adentramos a hablar sobre una de las películas más bizarras hechas por Terry Guilliam, no apta para convencionales ni mucho menos para estómagos delicados. No se trata de un film gore, por la descripción hecha anteriormente. No se ven riñones en el suelo, ni el típico asesino que corre tras la rubia con una sierra eléctrica en mano. Va mucho más allá de una trama trillada hollywoodense, abarcando temas vetados por todos y la extraña realidad para nada acorde de una niña de 10 años, entre otras cosas.
No tiene una historia complicada de por medio, por lo que lo hace un film interesante e innovador son los hechos que ocurren a partir de la realidad distorsionada que vive la protagonista: Jeliza-Rose [Jodelle Ferland]. Su imaginación le permite disfrutar del mundo, incluso de la realidad absurda y decadente en la que vive; partiendo por sus impactantes conversaciones con sus únicas amigas que resultan ser cabezas de Barbie decapitadas. Prepara con agrado las dosis de heroína para su padre Noah [Jeff Bridges], pues al fin y al cabo solo se trata de unas vacaciones que ofrece la jeringa, y es feliz cuando la madre [Jannifer Tilly] muere de sobredosis, porque al fin podrá usar su maquillaje y comer los tan amados chocolates que guardaba con recelo en una caja. Analizar la película no es una opción, no por lo menos si no quieres encontrar una visión bastante enfermiza, partiendo con palabras como taxidermismo en humanos, necrofilia, pedofilia y drogadicción. Y aunque es difícil de creer entre tanto aire de turbiedad, el film no se torna en ningún momento un ambiente deprimente. Nunca pierde su esencia angelical y esos colores vivaces de un día de verano entre su cuidada escenografía. Al final, es solo un escape de 2 horas de lo cotidiano a una posible enseñanza: con imaginación la felicidad se encuentra en cualquier lugar.
Tideland se trata de lo que pudo lograr un mundo de fantasía, en el cual lo que pareciera ser un cuento a tipo de “Alicia en el país de las maravillas”, se tornó macabro.
Es un film con 2 perspectivas y podemos aceptar cualquiera de las 2: la lógica de una persona común o la inocente fantasía que vivimos todos de niños. La diferencia es que con una se encontrará la película un verdadero bodrio y con la otra una obra maestra.
Personalmente, pueden glorificar a Terry Gilliam cuando quieran.

jueves, 12 de junio de 2008

COMO POSEÍDA

Globos para elevarnos y llegar a las nubes, esponjosas, de algodón; ¿Por qué se ven tan hermosas y deseables con mis pies pegados al suelo?. ¡Teníamos globos para alcanzarlas! y percatarnos que son nada, nada de lo que creíamos; no existe un paraíso de los cielos. Subí y subí y solo logré que el poco aire sofocara mi instinto subconsciente. Y subí más, hasta que las asquerosas leyes físicas mataron mi medio de ascenso. Entré en razón, pensé y estaba cayendo... toqué el piso, pero estaba bien. El viento me susurraba fríamente: ¡cuan suerte de gato tienes! pero no presté atención. Simplemente tragué tierra. Casi muero sabes?, si es que el susto no lograba matarme primero. Y me doy cuenta que mi surrealismo cautivado por mi yo interior es de verdad peligroso, pero aún así valía la pena despegar los pies de tierra firme. Ahora voy a comprar más globos, esta vez de ¡extra extra duración! porque... yo ya no quiero el cielo. Ahora... es delirio por un infinito.