Globos para elevarnos y llegar a las nubes, esponjosas, de algodón; ¿Por qué se ven tan hermosas y deseables con mis pies pegados al suelo?. ¡Teníamos globos para alcanzarlas! y percatarnos que son nada, nada de lo que creíamos; no existe un paraíso de los cielos. Subí y subí y solo logré que el poco aire sofocara mi instinto subconsciente. Y subí más, hasta que las asquerosas leyes físicas mataron mi medio de ascenso. Entré en razón, pensé y estaba cayendo... toqué el piso, pero estaba bien. El viento me susurraba fríamente: ¡cuan suerte de gato tienes! pero no presté atención. Simplemente tragué tierra. Casi muero sabes?, si es que el susto no lograba matarme primero. Y me doy cuenta que mi surrealismo cautivado por mi yo interior es de verdad peligroso, pero aún así valía la pena despegar los pies de tierra firme. Ahora voy a comprar más globos, esta vez de ¡extra extra duración! porque... yo ya no quiero el cielo. Ahora... es delirio por un infinito.
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jueves, 12 de junio de 2008
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