No tiene nada; ya no posee de su rica bohemia ni su precisa memoria de reloj de arena (escurriendo hasta el último granito y dentro de ellos toda una vida)
Dejó de ser un indomable río y desembocó a una laguna estancada; sucia y sin importancia; no cambia, no avanza y a la vez, sin embargo, es inmensamente efímera. Se perdieron los granos de arena que se habían juntado dirigidos por miles de minutos muertos hacía un frágil contenedor de vidrio (siempre los recuerdos bailando al compás del tic tac). Ya no encuentran el camino desde el olvido...Ahora ella solo tiene aguas a las cuales pisar y de las que el viento relevó de su playa. Perdió por completo la habilidad de evaporarse y volar saliendo de todo lo corriente; tanto así que ya le es natural flotar helada en la inmensidad de la incertidumbre... Está atrapada en la estricta simetría de las mostacillas que con sus colores solo le dan vida a aquella tortura.
